Sentimientos que entiendo y comprendo…
Mtro. Víctor Adrián Ramírez Pedroza.

MEXICALI.-Mientras circulaba en el tráfico de la ciudad, inició el discurso presidencial acerca del amargo e incómodo gasolinazo, donde a grandes rasgos el presidente se pronunció por por la «Unidad nacional», haciendo una clasificación de que somos un pueblo con: Dignidad, fortaleza y cultura.

Enrique Peña Nieto, jamás ha estado en nuestros zapatos, «con el Jesús en la boca -como decía mi tía Ofelia- no se puede ni debe comparar con nosotros, el es un PRIvilegiado».
Luego sigue en este discurso que al parecer escribió un dramaturgo de «La rosa de Guadalupe», justificándose como todos los ex presidentes que le precedieron, que se debe a una situación «externa», dejando a un lado la responsabilidad que se le otorgó por quien votaron por él, de administrar y gobernar México, de acuerdo a sus propuestas de campaña…
El discurso en el que además hablo de «amor a la patria» y el «orgullo de ser mexicanos», está basado en una estrategia está contemplado en el decálogo de Noam Chomsky de manipular a las masas:
«La estrategia de diferir. Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.»
Y complementado con la frase: ¿que hubieran hecho ustedes?
Pronunciando una serie de justificaciones burdas que no engañan a nadie, tratándonos como si no razonáramos.
«Dirigirse al público como criaturas de poca edad. La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad.»
Así es como el Presidente de la República Enrique Peña Nieto, se dirige al pueblo que gobierna, mientras algunos ciudadanos se dedican a saquear, a dañar la imagen de un país que está mal gobernado.