Por Julián de Mayorga*

MEXICALI.-Es tiempo de cambiar el discurso del Gobierno de Jaime Bonilla Valdez, tras la crisis de los «moches», de lo contrario se caerá en el exceso de la descalificación y se descuidará, al menos en forma, la esencia del ejercicio de obtener el poder a través de una elección: el bien colectivo.
La “cacería de brujas” emprendida contra del ex gobernador Francisco Arturo Vega de Lamadrid, y algunos de los funcionarios cercanos, ha sido parte de la bandera contra la corrupción ondeada por el actual mandatario estatal Jaime Bonilla, quien deberá sustentar con pruebas ante la instancia correspondiente, para deslindar responsabilidades, porque estamos de acuerdo que basta de impunidad, mas aún de quienes deben ser ejemplo de actitud de servicio y honradez como valor fundamental.
Sin embargo, se encienden las “luces amarillas” cuando en los mensajes del Gobernador y de sus principales funcionarios persiste “echar culpa” a los que ya se fueron, de hablar de la descalificación sistemática, porque así como se habla que inició una nueva forma de gobierno con la 4T, es importante demostrarlo con los hechos. Es tiempo de “dejar el leño” para que los hechos cimienten a la 4T en Baja California, si hay omisión, tarde o temprano se caerá en “ese pasado tan señalado” por los morenistas.
Descartar ese discurso del señalamiento o la descalificación nada tiene que ver con asumir que los panistas no fallaron, al contrario el «Apocalipsis» del fin del mundo azul, fue evidente a través del cabalgar de cuatro jinetes que trajeron la «guerra» por el poder interno en el gobierno encabezado por Kiko Vega, pero el «hambre» de un verdadero líder, hizo falta alguien que asumiera las riendas de un Estado como Baja California, no uno tipo laissez faire, laissez passer, al menos eso se mostró públicamente.
La conquista ineludible de la soberbia, combinada con la avaricia, y por último la muerte de todo interés por beneficiar a los ciudadanos que dieron su voto de confianza para administrar y guiar el rumbo de la Entidad, sobrevino el «Apocalipsis» que llegó después de 30 años.
Por eso, la primer prueba de fuego para Bonilla está “en marcha” con el tema de #Losmoches, es la oportunidad para dejar claro con hechos que es “auténtica” la transformación de la que habla el gobernador Jaime Bonilla; se debe actuar conforme a Derecho, pero también con calidad moral, en caso contrario se convertirá en el primer harakiri del pilar del morenismo de la zona Noroeste del país. Este tema cobró tanta fuerza que bajó de la agenda pública a «Kiko» Vega y el tema de la corrupción en su gobierno.
Lo anterior se adereza con las declaraciones del secretario General de Gobierno, Amador Rodríguez Lozano, quien señala parcialidad en una nota publicada en el Semanario Zeta sobre su participación en el caso de #Losmoches, el funcionario estatal argumentó que se debe a una cuestión personal de la Co-Directora del Semanario. Lo cierto es que ni funcionarios, ni líderes empresariales, tampoco periodistas deben estar por encima de la Ley; una declaración tal vez innecesaria si regresamos al planteamiento original, mejor hechos que palabras.
Como ciudadanos sólo hay que esperar resultados, pero también ser proactivos, señalar, exigir, expresar pero sobre todo actuar cuando la dinámica de nuestro Estado lo requiera, más allá de opinar en redes sociales, es necesario PARTICIPAR mientras no lo hagamos la queja sobra en el Universo de la opinión. Encontrar el equilibrio es la clave.
Sin olvidar que en Baja California hemos saboreado la alternancia como un sano ejercicio, si fallan los actores de la política y el gobierno, es simple: el o la que sigue.
*Julián de Mayorga es un colaborador ocasionador de PeriodismoNegro, puntilloso pero con bordado fino en las palabras, muy propio y cuidando formas, pero profundo. Quiere seguir en el anonimato.
1 comentario
Todos los partidos son la misma mierda, diferente cachete, si metieran a la carcel a todos los rateros nos quedaríamos sin políticos, en México es bien sabido por la clase politica que el verdadero crimen es robar poquito.