Por Julián de Mayorga*

MEXICALI.-Una crisis es un termómetro para medir el temple de cualquier gobierno, porque salir lo mejor posible es el reto, en especial cuando está en juego la confianza ciudadana, una confianza que de perderse es difícil recuperar.
Sin “receta” para enfrentarla, especialistas recomiendan una serie de acciones para desactivar el problema, algunos puntos de coincidencia son: Evitar el silencio, decir la verdad, optimizar y mantener los canales de comunicación con el ciudadano hasta que “pase la tormenta” para iniciar con el recuento de los daños.

En un ejercicio de reflexión, el manejo de la Crisis de #Losmoches fue inadecuada, al grado que se ha mantenido por 14 días consecutivos, es decir del 27 de noviembre al 11 de diciembre, como ejemplo, sin dar por hecho que terminó. Son 14 días donde la energía del gobierno se ha fragmentado, entre los temas que la autoridad estatal se comprometió a cumplir ante el ciudadano, como la seguridad pública y el “escándalo” bautizado como #Losmoches, que ha costado la salida 2 funcionarios de primer nivel, y mantiene a otro en la zozobra, una crisis donde la figura del Gobernador no ha sido congruente con el estilo que definió al inicio de su administración, es decir, contundente, seguro, enérgico y enterado de TODO lo que sucede en su administración a través de sus principales colaboradores.

Desde el destape del caso por Periodismo Negro, el pasado 27 de noviembre cuando se publicaron conversaciones de WhatsApp, incluso un audio de la entonces Secretaria de Integración y Bienestar Social del Gobierno del Estado, Cynthia Giselle García Soberanes con el ex subsecretario de la misma dependencia Rosendo Colorado García, se registró un silencio del Gobierno de Bonilla que alimentó al “monstruo mochero”, para no sólo sobrevivir sino crecer para succionar la agenda mediática estas primeras casi 2 semanas. Esto causado por la ausencia de información oportuna que originó el “tsunami de especulaciones”, que fortaleció la confusión; a eso le sumamos que 2 días después de que la opinión pública conoció las conversaciones de García Soberanes, Periodismo Negro publicó una entrevista con Rosendo Colorado (29 de nov.), y al mismo día desencadenó en la solicitud de licencia de García Soberanes, un día después le siguió la salida de Jesús Núñez Camacho, como Oficial Mayor del Gobierno estatal.

En este lapso, que comprendió del 27 al 30 de noviembre, no se emitió ninguna postura oficial al respecto, un error que permitió que el comportamiento de la información negativa creciera, se observó un gobierno que no dio la cara al ciudadano, tampoco se posicionó en forma clara. Fue hasta el 2 de diciembre que Jaime Bonilla, en su cuenta de Facebook, al final de su Informe sobre la Reunión de Seguridad, hizo referencia al caso de #Losmoches para decir que “no hay vacas sagradas”, aunque habría que añadir que, a excepción de Amador Rodríguez Lozano, quien permanece en el cargo, en estos casos son las pruebas lo que sostiene la remoción o no de estos funcionarios y la investigación aún no termina, pero llama la atención de la opinión pública porque “no se midió con la misma vara” a los servidores públicos mencionados en el polémico asunto.

En esta parte se incumplió con una de las recomendaciones en la gestión de crisis, que es responder en tiempo porque el silencio es el enemigo a vencer para cualquier gobierno. El silencio puede mandar un mensaje de culpa, ignorancia, omisión, confusión, mas ahora con las redes sociales donde cada segundo se escribe la historia.
En ocasiones, el silencio oficial es resultado de recomendar al funcionario principal un bajo perfil, por el costo político o porque “no es conveniente” subirse a la palestra para dejar que otros actores se “hagan pedazos”. O bien se utiliza el mandar mensajes a través de terceros, hacer amarres políticos que permitan maniobrar sin que el otro sepa, y así dar un golpe certero, nada más alejado de las buenas costumbres y de un buen manejo del conflicto, porque es mejor recurrir a una estrategia simple que se llama: asumir la responsabilidad con el costo que genere porque de eso se trata la madurez política y de gobierno.
En la cronología de #Losmoches, si nos basamos en el mensaje a través de algunos medios de comunicación del Secreteario General de Gobierno, Amador Rodríguez Lozano, se tendría por descontado que la autoridad emitió un posicionamiento 5 días después de que explotó el problema. Y esto sin dejar fuera que, ese mensaje del segundo funcionario de importancia de Bonilla, fue más para “defender” su nombre que, para emitir una postura oficial, una decisión que agudizó la crisis al ganarle lo emocional al funcionario y originar otro incendio que lo obligó a salir al día siguiente (7 dic.), para emitir una disculpa en el tema del Semanario Zeta.
Antes salió el Delegado Federal Alejandro Ruiz Uribe, pero para dejar claro que él está fuera del asunto de #LosMoches.
Lo cierto, no hubo orden ni estrategia en la salida de los funcionarios estatales a Informar sobre este delicado tema y su postura fue más personal ante los hechos.
La honestidad es un punto a considerar en una crisis de gobierno, no se trata de maquillar o encubrir información, sino de dar lo que se considere prudente para la certidumbre de la población. No verdades a medias, ni mentiras piadosas, mucho menos el manipuleo por intereses particulares.
Como último punto en la gestión de crisis se recomienda mantener canales de comunicación con la ciudadanía durante y después, si observamos los hechos esto no sucedió en el actual gobierno.
En el “mundo del hubiera”, de acuerdo a las recomendaciones de una gestión de crisis, una vez que estalló el problema el 27 de noviembre no hubo un posicionamiento oportuno del Gobernador Bonilla, el asunto no fue menor al involucrar a 3 de sus principales funcionarios, incluso se pudo dar un mensaje en conjunto entre el Gobernador, el Fiscal General y la Secretaria de la Función Pública. Estos últimos dos funcionarios pudieron fungir como canales de comunicación, una vez emitida la postura del Gobernador, para dar a conocer a la ciudadanía del tema. Al contrario, se reflejó desorganización y mensajes carentes de fuerza institucional.
El Gobierno de Bonilla perdió una importante oportunidad de dejar claro que existe la seguridad y el temple para enfrentar una crisis, y resolverla como merecen los bajacalifornianos.
Por eso es sano contar con un esquema de cómo enfrentarla, medir espacio y tiempo que impacten de la mejor manera en el proceso y salir con la menor afectación posible del conflicto. Un ejemplo es medir los tiempos de organización interna, en cuanto a la capacidad de respuesta ante un problema, saber cuales funcionarios intervendrían, quien elaboraría las líneas discursivas, todo debe formar parte de un engranaje que este bien aceitado y listo para funcionar en caso de ser necesario sin perder de vista que se trata de proporcionar la información que los ciudadanos requieran para conocer que esta sucediendo y que cuentan con un Gobierno que sabrá salir adelante de ese tipo de conflictos.
Esperemos no se presente otra crisis porque a nadie beneficia, ni al gobierno tampoco al ciudadano. El Ejecutivo Estatal lo dijo en su momento, el tiempo es poco y no hay tregua. El Gobernador Bonilla ocupa toda su energía en cumplir con los compromisos de su administración, para ello precisa de un equipo sólido, congruente y que sea un soporte no un motivo de «distracción». Un punto de equilibrio en el ser y el hacer.
Del recuento de los daños, habrá que esperar porque a esta crisis le quedan “picos informativos” que están por venir. La papa caliente no hay que pasarla hay que apagarla antes de que cause más daño. Y eso que en este asunto dejamos fuera otros actores como el Ejército con su proceder en el puesto militar El Centinela y los Empresarios que accedieron a «donar» dinero, aparentemente para asegurar contratos, pero esa, diría la difunta Nana Goya, es otra historia.
*Julián de Mayorga colaborador ocasional de PeriodismoNegro, puntilloso pero con bordado fino en las palabras, muy propio y cuidando formas, pero profundo. Quiere seguir en el anonimato.